lunes, septiembre 19, 2005

Razones para amar el cine 1

Hacia un frio de mil demonios. Normal, en pleno Enero es lo mas normal.
Aunque eran las cinco de la tarde, la niebla no se habia levantado todavia, ni parecia que fuese a hacerlo. No llovia, y eso era una pequeña ventaja; en cualquier caso aquel maldito frio se metia en los huesos y amenzaba con convertirlos en quebradizo hielo.
El muchacho avanzaba por un camino enlodado, a salvo de la humedad y del fango sólo gracias a sus zocas de madera. Por momentos parecia que daria la vuelta y correria de nuevo hacia el calido abrazo de la lareira encendida, alla en la planta baja de la pequeña casa de piedra que le daba cobijo y era su hogar.
Cuando llegó a la vieja estación de tren, ya habia un grupito de seis personas esperando ante la puerta de madera, que aún estaba cerrada a cal y canto; la malloria eran de una edad similar a la suya (entre doce y catorce años); aunque tambien estaba don Fabian, el cura de la aldea, que ya rondaba los sesenta años.
La espera, en medio de aquella niebla con intenciones asesinas, aún duró bien otra hora mas; tiempo durante el cual se fueron añadiendo al grupito quince personas mas (casi todos los jovenes de la aldea, y tres o cuatro paisanos despistados).
A las seis y diez minuos, se abrió la puerta de aquel almacen medio abandonado en la estación; hasta un par de años antes habia servido para almacenar el wolfram que se arrancaba de las montañas de la región, pero una vez terminada la Gran Guerra, ya no era rentable su explotación (eso decia don Fernando, el dueño de los derechos mineros), asi que se cerró el almacen, y los mineros debieron reconvertirse en ganaderos y agricultores (realmente la mayoria habian marchado a hacer las americas, como el padre y dos tios del muchacho).
Dentro del viejo almacen sólo habia una silla, evidentemente destinada a don Fabian; asi que el resto se acomodaron a lo largo de las paredes, apoyandose en ellas de forma que dejaban el centro del pequeño cubiculo vacio; sólo el muchacho y dos o tres chicos como él se sentaron sobre el suelo frio de tierra apisonada. En una de las paredes alguien habia colgado un vieja sábana medio amarillenta, y bastante mal tensada, y en el lado opuesto a la sábana, el mismo personaje habia preparado una mesa en la que reposaba una vieja y cascada máquina de cine.
No hubo tiempo para más, la maquina empezó a funcionar, y sobre la sabana aparecieron imagenes en movimiento una detras de otra.
La película trataba de un vieje a la luna, y apenas duraba 15 minutos; pero sin duda fueron los mas emocionantes de la vida de aquel muchacho; cuando la gigantesca bala de cañón impactó con el ojo de la luna, los suyos se abrieron hasta su maximo posible; y no se atrevió a parpadear, temeroso de perderse algún detalle de las bailarinas con traje de estrella, o de aquellos extraños habitantes de la luna, hibridos de camarón y hombre; o de los champiñones gigantes, los rios lunares, mil maravillas inimaginables.
Cuando la cinta se paró, rompió en un aplauso casi histérico, cercano al paroxismo, a la locura del extasis mistico.
Llego a su casa bien entrada la noche, calado hasta los huesos por esa maldita neblina que todo lo mojaba.
Nunca volvió a ver una película de cine; apenas un año despues, la maldita tuberculosis consumió su cuerpo joven en apenas quince fatídicos días. En sus delirios febriles no cesaba de hablar de extraños seres, de los habitantes de la luna y de otras locuras que su madre desesperada no alcanzaba a comprender. La noche en que murió, su madre lloraba apoyada en el montón de paja que hacia las veces de colchón. Maldecia un y otra vez el cruel destino que no permitiria a su hijo conocer el mundo que se escondia mas alla de los límites de la aldea. El muchacho empapado en sudor abrió los ojos y pronunció sus últimas palabras: "Non chores ña nai, xa vin o que tiña que ver; xa vin a lua".
Murió sin volver a hablar, pero en sus labios se dibujó una ultima sonrisa de satisfacción.

Hay razones para amar el cine; ese muchacho me ha dado una de las mas bellas: "el cine te lleva a vivir a veces mas intensamente que la propia vida".

5 Comments:

Blogger Toni said...

Gracias por la recomendacion que hiciste en mi blog, me la apunto para el futuro!!
Me ha gustado tu articulo, la historia es 'cosecha propia?'
Saludos

TONI

6:34 PM  
Blogger Elias Thomson said...

Si, todo es cosecha propia.
A veces afortunadamente, otras para mi desgracia, todo lo escrito en el blog, si no se dice lo contrario, es culpa mia.

9:34 AM  
Blogger CHICO VIEJO said...

Ufff, tremenda historia, Elias Thomson. Muy emotiva y digna de ser recordada.

Es la tercera vez que me paso y ya me obligué a dejarle un comentario. Es que últimamente ando muy liado y nunca dejo un comentario si no he leído (y comprendido) el artículo (y sus escritos no son breves). Espero me comprenda.

Ah! Una aclaración: la frase del muchacho está en gallego (imagino) pero se entiende perfectamente, has hecho muy bien en dejarla así.

Saludos!

6:06 PM  
Blogger CHICO VIEJO said...

(He borrado un apunte sin querer al modificar una de las frases; era una sugerencia o consejo bien intencionado: el fondo negro es muy incómodo para la lectura)

6:10 PM  
Anonymous VSancha said...

bellisimo texto, es magnifico, muy bueno, seguire leyendote atentamente.

Saludos ;)

6:53 PM  

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