Razones para amar el cine II
Me levanto. El puñetero despertador se ha tomado otro dia libre. Se ha acabado el gas, así tendré que ducharme con agua fria otra vez. La leche se ha cortado, tengo hormigas en el azucar y moho en la
cafetera. El café es la misma bazofia de siempre. Al llegar al garaje con el traje sin planchar, he descubierto que mi maldito dos caballos pierde aceite; el día menos pensado lo descubro en uno de esos programas vespertinos, saliendo del armario. Los autobuses están de huelga y no tengo dinero encima para un taxi. El cajero autometico está apoyando a autobuseros en su huelga salvaje, y me he dejado el carnet de identidad en casa. Vuelta atras. Al entrar a la habitación de invitados he pisado el cadaver del gato, estaba lleno de gusanos; con razón olia tan mal desde hace días; ahora estoy seguro de que si no comia su comida, no era porque estuviese a régimen. Salgo para el banco. Llueve, vivimos el año mas seco de la historia, y llueve. El cajero me ha advertido que se me acaba el credito. Tengo una llamada perdida de la oficina. Llego tarde otra vez. La secretaria del jefe me ha dado el pésame y ha aprovechado para poner fin a nuestra larga relación (con todo, siete dias se convierte en mi nuevo record); tambien me ha anunciado un expediente regulador de empleo en el que se cargan mi puesto en la empresa. El taxista toma el camino mas largo posible, parando en todos lo semaforos en naranja que se encuentra. Llego al tanatorio, soy el último, así que el requiem por mi madre ya ha empezado; mi padre me mira con ojos que gritan: "estas desheredado"; solo espero que no se fije en la mierda de perro que sobresale de la suela de mi zapato, aunque la gente de alrededor ya se tapa la nariz. Al levantar el ataud para llevarlo al crematorio se me ha roto la chaqueta por la espalda, luego he resbalado en la mierda de perro que persiste pegada a mi suela y el ataud ha caido al suelo. Mamá se habria matado del golpe, si no estuviese ya muerta; de todas maneras me parece que exageraban cuando me han acusado de dar la nota, sólo queria volver a meterle los dientes dentro de la boca; era cuestión de respeto, no los podia dejar allí en el suelo de marmol, como perlas caidas de un collar. Me pican los testículos, serán otra vez las ladillas; parecen Rexona, nunca me abandonan. Mis hermanos siguen sin hablar conmigo, y mama huele a churrasco de asador argentino; solo falta el chimichurri. Nadie me saluda al salir, será que están ocupados dando el pésame a la familia. Decido comer en una tasca. La cucaracha consigue huir llevándose una buena porción de mi bocadillo, y la cerveza esta sin presión, sin gas, sin cerveza; empiezo a sospechar que el dueño del bar ha meado en un vaso y me lo ha servido. Sigue Lloviendo; menos mal que hay sequia, porque ya estoy empapado hasta los calcetines. La lluvia limpia los rastros de sangre de mi rostro (el dueño de la tasca, y sus catorce hijos judokas no se han tomado muy a bien mis comentarios sobre sus destrezas culinarias). Lo peor es que el tratamiento que le han dado a mis posaderas con su botas de punta de acero han despertado mis hemorroides, tendré que añadir un bote de hemoal a la sopa esta noche. Echo de menos a mamá, auque sigo oliendo su aroma postumo, que ha impregando toda mi ropa. Se me está callendo el pelo. Un guardia me multa por cruzar con el semáforo en rojo, y no encuentro una ferreteria donde comprar la cuerda para ahorcarme. En el solar vacio al lado de la Iglesia del barrio han montado un auto-cine. Reponen losDiez mandamientos. Con mis últimos 5 euros compro una entrada y convenzo al vigilante para que me deje sentarme en una sillade plastico entre un Audi TT y un viejo Seat Seiscientos. Lo gemidos de la pareja del seiscientos casi no me dejan escuchar la pel
i. Y sigue lloviendo. El imbecil del Audi ha puesto música maquina en su cargador de Cds y se está liando un porro con la imbecil de su acompañante, me he vengado escupiendole en la puerta. Meto los cascos en mis orejas y me tapo las orejas con las manos mientros miro a la pantalla. Todo se desvanece. Charles Heston levanta sus manos separando el mar para que los Israelitas pasen en seco, el faraón va a quedarse en el fondo del mar, con las llaves, matarile, rile rile. El Yul Brynner esta que se sale. Anne Baxter esta pa mojar pan y no parar, aún no entiendo como no le dieron el oscar por Eva al Desnudo. B DeMille hizo un buen trabajo. THE END. Vuelvo andando a casa, es una de esas tarde-noches maravillosas en las que la lluvia no cesa de caer. Hoy a sido un buen día. Parece mentira lo que hace un buen rato en el cine. Tendré que cambiarme al llegar a casa, tirar a la basura el cadaver del gato, la leche, el café y el azucar. Tal vez mañana llame a la muchacha que conócí el otro dia en el Cafe Galego Maeloc. Mañana buscaré trabajo.
DECIDIDAMENTE, HOY HA SIDO UN BUEN DIA.
cafetera. El café es la misma bazofia de siempre. Al llegar al garaje con el traje sin planchar, he descubierto que mi maldito dos caballos pierde aceite; el día menos pensado lo descubro en uno de esos programas vespertinos, saliendo del armario. Los autobuses están de huelga y no tengo dinero encima para un taxi. El cajero autometico está apoyando a autobuseros en su huelga salvaje, y me he dejado el carnet de identidad en casa. Vuelta atras. Al entrar a la habitación de invitados he pisado el cadaver del gato, estaba lleno de gusanos; con razón olia tan mal desde hace días; ahora estoy seguro de que si no comia su comida, no era porque estuviese a régimen. Salgo para el banco. Llueve, vivimos el año mas seco de la historia, y llueve. El cajero me ha advertido que se me acaba el credito. Tengo una llamada perdida de la oficina. Llego tarde otra vez. La secretaria del jefe me ha dado el pésame y ha aprovechado para poner fin a nuestra larga relación (con todo, siete dias se convierte en mi nuevo record); tambien me ha anunciado un expediente regulador de empleo en el que se cargan mi puesto en la empresa. El taxista toma el camino mas largo posible, parando en todos lo semaforos en naranja que se encuentra. Llego al tanatorio, soy el último, así que el requiem por mi madre ya ha empezado; mi padre me mira con ojos que gritan: "estas desheredado"; solo espero que no se fije en la mierda de perro que sobresale de la suela de mi zapato, aunque la gente de alrededor ya se tapa la nariz. Al levantar el ataud para llevarlo al crematorio se me ha roto la chaqueta por la espalda, luego he resbalado en la mierda de perro que persiste pegada a mi suela y el ataud ha caido al suelo. Mamá se habria matado del golpe, si no estuviese ya muerta; de todas maneras me parece que exageraban cuando me han acusado de dar la nota, sólo queria volver a meterle los dientes dentro de la boca; era cuestión de respeto, no los podia dejar allí en el suelo de marmol, como perlas caidas de un collar. Me pican los testículos, serán otra vez las ladillas; parecen Rexona, nunca me abandonan. Mis hermanos siguen sin hablar conmigo, y mama huele a churrasco de asador argentino; solo falta el chimichurri. Nadie me saluda al salir, será que están ocupados dando el pésame a la familia. Decido comer en una tasca. La cucaracha consigue huir llevándose una buena porción de mi bocadillo, y la cerveza esta sin presión, sin gas, sin cerveza; empiezo a sospechar que el dueño del bar ha meado en un vaso y me lo ha servido. Sigue Lloviendo; menos mal que hay sequia, porque ya estoy empapado hasta los calcetines. La lluvia limpia los rastros de sangre de mi rostro (el dueño de la tasca, y sus catorce hijos judokas no se han tomado muy a bien mis comentarios sobre sus destrezas culinarias). Lo peor es que el tratamiento que le han dado a mis posaderas con su botas de punta de acero han despertado mis hemorroides, tendré que añadir un bote de hemoal a la sopa esta noche. Echo de menos a mamá, auque sigo oliendo su aroma postumo, que ha impregando toda mi ropa. Se me está callendo el pelo. Un guardia me multa por cruzar con el semáforo en rojo, y no encuentro una ferreteria donde comprar la cuerda para ahorcarme. En el solar vacio al lado de la Iglesia del barrio han montado un auto-cine. Reponen losDiez mandamientos. Con mis últimos 5 euros compro una entrada y convenzo al vigilante para que me deje sentarme en una sillade plastico entre un Audi TT y un viejo Seat Seiscientos. Lo gemidos de la pareja del seiscientos casi no me dejan escuchar la pel
i. Y sigue lloviendo. El imbecil del Audi ha puesto música maquina en su cargador de Cds y se está liando un porro con la imbecil de su acompañante, me he vengado escupiendole en la puerta. Meto los cascos en mis orejas y me tapo las orejas con las manos mientros miro a la pantalla. Todo se desvanece. Charles Heston levanta sus manos separando el mar para que los Israelitas pasen en seco, el faraón va a quedarse en el fondo del mar, con las llaves, matarile, rile rile. El Yul Brynner esta que se sale. Anne Baxter esta pa mojar pan y no parar, aún no entiendo como no le dieron el oscar por Eva al Desnudo. B DeMille hizo un buen trabajo. THE END. Vuelvo andando a casa, es una de esas tarde-noches maravillosas en las que la lluvia no cesa de caer. Hoy a sido un buen día. Parece mentira lo que hace un buen rato en el cine. Tendré que cambiarme al llegar a casa, tirar a la basura el cadaver del gato, la leche, el café y el azucar. Tal vez mañana llame a la muchacha que conócí el otro dia en el Cafe Galego Maeloc. Mañana buscaré trabajo.DECIDIDAMENTE, HOY HA SIDO UN BUEN DIA.

5 Comments:
Si este ha sido un buen día espero que nunca tengas uno malo. Que tiemble la Tierra sino...
Una buena pelicula te ayuda a encontrar oro en medio de la basura; eso si, no evita el olor de las manos :D
Que bueno, da gusto leerte. Hay dias en los que una buena pelicula le alegra a uno el dia.
Gracias por ese homenaje final. ;)
me ecanta este blog jajaja :D
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