martes, septiembre 13, 2005

Recuerdos que me trae la carretera cada 13 de septiembre

Alfred siempre fue un tipo de un carácter peculiar, empeñado en asomar la nariz delante de su cámara, pero con un olfato tras ella sencillamente magistral.
La verdad, mi memoria ya no es lo que era; desde que paseo por la tierra sin sombras se va volviendo extrañamente selectiva, olvidando ciertos pasajes, y recordando otros de una manera vivida; quizás por ello no recuerdo las circunstancias en las que conocí a Alfredito, y sin embargo me resulta imposible olvidar aquellos días de noviembre de 1953.
Por razones que no vienen a cuento, estaba visitando los Estados Unidos, y enterado de que Alfredito estaba rodando una película para la Paramount, decidí hacerle una visita para sumergirme de nuevo en el mundo del cine. Ya conocía la locura de Holliwood de mis contactos con otros actores y directores, pero creo que ahora no viene a cuento.
Llegado al pequeño espacio del estudio (es increíble el poco espacio en el que podía trabajar el amigo Al) mi amigo me recibió de la forma que en el era habitual. “un purito, y solo quedan 36” (un día tendré que contar porque Hitch contaba los puritos que me regalaba, por cierto nunca llegó a cero), “pasa, quiero presentarte a alguien, viejo truhán”.
“Es Lisa”
No creía que la perfección existiese hasta que vi aquel rostro. Lisa (desde luego ese no era su nombre, solo el de su personaje) no era la mujer que te encendía de pasión; que te convertía en un asaltante de castillos, o en un mata-dragones al estilo de San Jorge. Más bien tendía a convertirte en un viejo avaricioso, de forma que sólo pensabas en meterla en una urna para guardarla en el fondo de una vieja caja fuerte, de donde sacarla los días de fiesta para echarle un buen vistazo.
No dije ni una palabra.
No podía.
Luego me presento a su compañero de rodaje. La verdad nunca entendí el argumento de aquella obra maestra, ¡¿Quién podía ser tan imbecil para mirar a través de una ventana con un monumento así a tus espaldas?!.
No volví a cruzar una palabra con Lisa en todo el día; ni siquiera durante su fiesta de cumpleaños, esa misma noche al finalizar el rodaje. Al no la dejó ni a sol ni a sombra, la trataba como se trata a una de esas figuras de fino cristal que pueden romperse en cualquier momento entre tus dedos.
Cuando me despedía de ella, me besó en la mejilla.
El tiempo se paró por un momento, y le dije algo que no tengo muy claro de donde salió: “princesa, cuidado con las curvas”. Me sonrió y pronunció las únicas palabras que me dirigió en toda su vida: “no te preocupes príncipe”.
Cada 13 de septiembre dejo una flor en la cuneta.
Aún sueño contigo, apoyada en mi silla, mientras miramos a través de una ventana indiscreta.

Algún día nos encontraremos en la tierra sin sombras, princesa.

2 Comments:

Blogger Brianda said...

vaya.. el 13 de septiembre... de todas las fechas del año, es una de mis favoritas!

7:27 PM  
Blogger Elias Thomson said...

Por alguna razón es especial?, todavia faltan 13 diás mas para mi cumpleaños

10:41 PM  

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